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martes, 6 de marzo de 2018

Encontrándonos en Eclesiastés...32

Este abril próximo murió mi abuelo hace 50 años.

Habiendo vivido en casa de mis abuelos maternos con mis padres,  es fácil entender que sentía tener dos papas y dos mamás.

Mi papá preferido y muy amado fue mi abuelo.

Semana tras semana íbamos religiosamente al panteón a "visitarlo".

Tres años quizá y luego dos veces al mes dos años o uno.

Luego cada día en que se celebra el día de difuntos por dos o tres y luego nada. El olvido. El recuerdo cada vez más lejos con la muerte.

Un perro y un león son muy diferentes pero los dos son animales y los dos mueren.

Un perro viejo puede seguir siendo amigo del hombre pero un león muerto perdió su bravura y majestad de rey de la selva.

El hombre camina muerto entre los que le rodean mirando su gloria y majestad porque también esta un día desaparecerá y será olvidada.

Se empieza a vivir en este mundo cuando se está plenamente convencido de la muerte y se reconoce que se dará cuentas un día a Su Creador. 

Porque si existe aunque los muertos lo nieguen o ignoren.

Cierto que en la vida amamos y odiamos, damos y envidiamos, obtenemos y soltamos...y los ciclos continúan hasta morir. 

Cierto que podemos disfrutar del fruto de nuestro trabajo y eso siempre y cuando Dios nos conceda la salud y la sabiduría para hacerlo.

Nuestro tiempo es uno solo...

Nuestro propósito en la vida es uno sólo...

Jesus dijo: "el halla su vida la perderá pero aquel que la pierde por causa de mi, la ganara para vida eterna"

Jesus mismo perdió Su Vida en este mundo para que nosotros halláramos nuestra Vida en El y solo podemos llegar a este conocimiento y Vida eterna por medio de la Biblia...

La leemos?

Meditamos en ella?

Estamos ya en el mundo de los vivientes o de los muertos?

Dios les bendiga y muestre Su Gracia en Jesucristo!

Escrito está en Su Palabra:

«Hay esperanza solo para los que están vivos. 

Como se suele decir: «¡Más vale perro vivo que león muerto!». 

Los que están vivos al menos saben que un día van a morir, pero los muertos no saben nada. 

Ya no reciben más recompensas, y nadie los recuerda. 

Lo que hayan hecho en su vida —amar, odiar, envidiar— pasó ya hace mucho. 

Ya no son parte de nada en este mundo. 

Así que, ¡adelante! Come tus alimentos con alegría y bebe tu vino con un corazón contento, ¡porque Dios lo aprueba!»

Eclesiastés 9:4-7 NTV


En Su Servicio Solo Por Gracia
Roberto Perales

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