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miércoles, 7 de marzo de 2012

Confesar humildemente el deseo del corazón por Dios


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Debo confesar humildemente que el deseo de mi corazón se dirige a Dios como mi felicidad, porción, fuente de vida y bien.

¿A quién tengo en los cielos sino a ti? No hay nada en la tierra que desee fuera de ti o en comparación contigo. Cuando mi carne y mi corazón desfallezcan, sé tú, Señor, la fuerza de mi corazón y mi porción por siempre; * la porción escogida de mi herencia en el mundo venidero y de mi copa en éste, y entonces diré que las cuerdas me han caído en lugares deleitosos, y que tengo una hermosa heredad. *

Tu nombre y tu memoria son el deseo de mi alma; mi alma te desea en la noche, y mi espíritu dentro de mí te busca con afán. *

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, mi alma. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, * quien manda su misericordia de día y por la noche me acompaña con su canción, una oración al Dios de mi vida. *

Ojalá pudiera yo acercarme con hambre y sed de justicia, * porque tú colmas de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despides vacíos. *

Ojalá mi alma tenga sed de ti, y mi carne te anhele, como en tierra seca y árida donde no hay agua; que pueda ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. Mejor es tu misericordia que la vida; * como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y así mi boca te alabará con labios de júbilo. *

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